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viernes

WIKILEAKS TAMBIÉN TIENE MADRE


Nadie se acordaba de Julian Assange hasta que ha empezado a filtrar datos molestos. En 2006, Estados Unidos calificaba a Wikileaks de ONG, ahora la tacha de terrorista. El mundo entero persigue a su fundador, y lo que parecía un delito menor de acoso (cargo que se imputa a Assange en Suecia) se acaba convirtiendo en una orden de búsqueda por la Interpol.
Un poco desproporcionado, ¿no?
Los gobiernos estarán que echan chispas, pero no por el supuesto acoso sino por las filtraciones, claro está. Y ya lo dice el refrán: "quien se pica, ajos come".
Entretanto, Assange está desaparecido y su madre interviene en la historia para aportar un lado humano al asunto, que es lo que nos interesa, por poco habitual.
En Australia, la señora Assange, directora de un teatro de marionetas, ha hecho unas declaraciones a la cadena ABC: no quiero que mi hijo vaya a la cárcel, quiero que le dejen en paz; le están linchando en los medios por el interés de unos pocos que tienen mucho que ocultar.
A la señora no le falta razón. Declara que le quiere y que teme por él. Que la mayoría de lo que se ha escrito sobre Julian es falso.
Desde luego, hay que aplaudir su incondicionalidad.
¿De quién podía esperarse algo así, más que de una madre?
Pero independientemente de sus sentimientos, a los que no conocemos a Assange también nos huele un poco mal este asunto. Será porque todavía tiene mucho que desvelar: se habla del archivo "insurance.aes256", encriptado y colocado en su página de documentos sobre Afganistán.
¿Qué contendrá para que le quieran arrancar el pellejo de este modo?
Porque, a fin de cuentas, cuántos asesinos y terroristas andan sueltos por ahí, y la Interpol y los medios no se movilizan como lo están haciendo ahora?